“Cuando mi dolor tuvo nombre: mi camino con la fibromialgia”






Hace dos años descubrí que los dolores que arrastraba desde niña tenían un nombre: Fibromialgia.


Durante años viví con dolores musculares constantes, astenia —ese cansancio extremo que no se quita con dormir— y malestares gástricos que iban desde gastritis hasta colon irritable. Me hacía análisis de sangre casi mensualmente, porque físicamente me veía “bien”, pero por dentro estaba agotada y dolorida. Cuando algún resultado mostraba anemia, ahí sí, todos decían: “es por eso”, y seguimos adelante.


Con el tiempo, aprendí que vivir con dolor crónico también desgasta a los seres queridos. Primero hay preocupación, pero cuando los días se repiten con quejas y mal humor, es difícil para todos.


Pasé por gastroenterólogos, psicólogos y nutricionistas. Cambié radicalmente mi alimentación: dieta sin gluten, más frutas y verduras, menos harinas y carnes rojas. Esto ayudó, pero los dolores seguían ahí, como una compañía silenciosa.


Recuerdo un día que fui a pagar una cuenta y tuve que estar mucho tiempo parada. Llegué al auto casi llorando del dolor: espasmos musculares comunes en la fibromialgia no tratada. Fue un momento traumático que me hizo tomar conciencia de que necesitaba un diagnóstico definitivo.


Gracias a la recomendación de mi esposo, médico clínico, consulté a una reumatóloga. Después de una entrevista, revisión física y múltiples estudios, llegó la claridad: “¡Sé lo que tenés! Tenés Fibromialgia”.


Aprendí que es una enfermedad Neuro-Endocrina-Metabólica:


Neuro: afecta el ánimo y puede causar depresión.


Endócrina: hay alteración de neurotransmisores que generan dolor constante.


Metabólica: retención de sodio y liberación de potasio, por eso la hinchazón.



El diagnóstico me dio tranquilidad: no estaba loca ni inventando los síntomas. Solo necesitaba adaptarme y tratar la enfermedad con constancia.


Mi tratamiento incluyó:


Medicación (Pregabalina y Sertralina)


Caminatas diarias de al menos 30 minutos para evitar espasmos


Dieta estricta sin gluten, evitando carnes rojas y con abundante fruta y verdura



Hoy, dos años después, mi vida cambió: mis dolores y espasmos disminuyeron, mi humor mejoró y puedo seguir trabajando y disfrutando de mi día a día.


PD: La doctora me revisó 18 puntos dolorosos típicos de la fibromialgia; yo tenía 12 😐.


✨ Reflexión final:

Vivir con fibromialgia es un desafío, pero conocer su nombre fue el primer paso para recuperar mi vida. Si estás pasando por algo similar, buscá ayuda y no te rindas. Escuchá tu cuerpo y tratate con amor y paciencia.


Publicar un comentario

Instagram

Gras Aguirre . Designed by Oddthemes