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miércoles, 17 de junio de 2026

Cómo elegir cortinas: guía práctica con ejemplos reales

Las cortinas suelen ser uno de los últimos elementos que incorporamos a un ambiente. Sin embargo, tienen la capacidad de transformar por completo la sensación de un espacio.

Controlan la luz, aportan privacidad, ayudan a regular la temperatura y terminan de vestir una habitación.

A lo largo de los años tuve la oportunidad de conocer distintos tipos de cortinas en diferentes ambientes. Algunas priorizan la funcionalidad, otras la calidez y otras el control de la luz.

Hoy aprendí que no existe una cortina perfecta: existe la cortina adecuada para cada espacio.

1. Cortinas Roller Sunscreen: funcionalidad y diseño

Las cortinas Roller Sunscreen son una de las opciones más elegidas para ambientes contemporáneos.

Su principal ventaja es que filtran la luz sin oscurecer completamente el ambiente.

Permiten conservar la privacidad durante el día mientras mantienen la conexión visual con el exterior.

Son ideales para:

- Cocinas integradas

- Comedores diarios

- Livings modernos

- Ventanales con buenas vistas

Además, ocupan muy poco espacio visual, por lo que resultan perfectas cuando buscamos una estética limpia y ordenada.


2. Cortinas venecianas: control total de la luz

Las cortinas venecianas permiten regular con precisión la entrada de luz gracias a sus láminas horizontales.

Son una excelente solución para espacios donde se necesita privacidad sin perder iluminación natural.

Funcionan muy bien en:

* Pasillos

* Estudios

* Oficinas

* Baños

Su diseño simple y práctico las convierte en una alternativa funcional para ventanas más pequeñas.



3. Cortinas de tela: calidez para el hogar

Las cortinas de tela siguen siendo las grandes protagonistas cuando buscamos crear ambientes acogedores.

Aportan movimiento, textura y una sensación de hogar difícil de lograr con otros sistemas.

Una recomendación que siempre comparto es llevarlas hasta el piso.

Cuando las cortinas llegan al suelo, el ambiente se percibe más elegante y las paredes parecen más altas.



4. Doble sistema: la solución más completa

Cuando un ambiente requiere versatilidad, el doble sistema suele ser la mejor elección.

Consiste en combinar:

* Una cortina translúcida o visillo.

* Una segunda cortina decorativa de tela.

Durante el día la cortina liviana suaviza la luz natural y mantiene la privacidad.

Por la noche, la segunda capa aporta abrigo visual y mayor intimidad.

Es una solución muy utilizada en:

- Livings principales

- Dormitorios

- Espacios amplios con grandes ventanales



5. Cómo elegir el color adecuado

Si buscás una inversión duradera, los tonos neutros suelen ser los más versátiles.

Mis favoritos son:

Blanco roto

Arena

Beige

Lino natural

Gris suave

Estos colores combinan fácilmente con diferentes estilos decorativos y permiten actualizar el ambiente sin necesidad de cambiar las cortinas.

6. La medida correcta marca la diferencia

Uno de los errores más frecuentes es instalar las cortinas justo encima de la ventana.

Cuando hacemos eso, visualmente la abertura parece más pequeña y el techo más bajo.

Por eso, una recomendación profesional es instalar el riel o barral lo más cerca posible del techo.

Este simple recurso genera la ilusión de mayor altura y hace que el ambiente se perciba más amplio y elegante.


Otro aspecto fundamental es el largo de la cortina.

Las cortinas que llegan hasta el piso aportan continuidad visual y un aspecto mucho más cuidado.

Incluso en ambientes sencillos, una cortina larga puede transformar completamente la percepción del espacio.


Son pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos, pero que generan una gran diferencia en el resultado final.




Conclusión

Las cortinas no son un simple accesorio.

Son parte fundamental del diseño de un ambiente.

La elección correcta dependerá de la función que necesitemos cubrir, la cantidad de luz que recibimos y el estilo que queremos transmitir.

Porque un hogar bien pensado no se construye solamente con muebles y decoración.

También se construye con esas decisiones que mejoran la forma en que vivimos cada día.

lunes, 15 de junio de 2026

 

"Los colores intensos no necesariamente achican un ambiente. Muchas veces le aportan profundidad y personalidad."

Durante años escuchamos la misma recomendación: "si el ambiente es pequeño, pintalo de blanco para que parezca más grande". Y aunque los colores claros ayudan a reflejar la luz, la realidad es que el diseño interior actual nos demuestra que los espacios reducidos también pueden lucir increíbles con colores intensos.

La clave no está en el tamaño del ambiente, sino en cómo se utiliza el color.

El mito del color oscuro

Muchas personas evitan los azules profundos, verdes intensos o terracotas porque creen que harán que una habitación se vea aún más pequeña.

Sin embargo, cuando un color fuerte está bien elegido, puede generar profundidad visual, aportar personalidad y crear una atmósfera envolvente que los tonos neutros no siempre consiguen.

Un ambiente pequeño no tiene por qué parecer más grande; puede simplemente sentirse más acogedor, elegante e interesante.

Los dormitorios son uno de los mejores lugares para animarse a los colores intensos.


Lo que realmente importa

La iluminación

Un color intenso en una habitación bien iluminada puede verse sofisticado y equilibrado.

Por el contrario, un ambiente oscuro con poca luz natural puede requerir una estrategia diferente, incorporando lámparas, espejos o textiles claros para compensar.

La función del espacio

Los colores profundos funcionan especialmente bien en:

* Dormitorios
* Estudios
* Rincones de lectura
* Comedores
* Toilettes

Son espacios donde buscamos intimidad, calma o carácter.

El equilibrio visual

No todo tiene que ser oscuro.

Combinar una pared protagonista con muebles claros, fibras naturales, cortinas livianas o detalles en madera permite mantener el equilibrio sin perder personalidad.

"Los espacios pequeños permiten jugar con el color sin grandes riesgos."



Cuando el color transforma

Muchas veces un ambiente pequeño pintado completamente de blanco puede sentirse plano o sin identidad.

En cambio, un azul profundo, un verde oliva o un terracota suave pueden convertir una habitación común en un espacio memorable.

En diseño interior no siempre buscamos que un ambiente parezca más grande.

A veces buscamos que se sienta más cálido, más elegante o simplemente más nuestro.


No se trata de cuál es mejor, sino de qué sensación buscamos transmitir.



La regla que realmente funciona

Antes de elegir un color preguntate:

¿Cómo quiero sentirme en este espacio?

Porque el mejor color no es el que hace parecer más grande una habitación.

Es el que logra transmitir la sensación que querés vivir cada día dentro de ella.


"Un ambiente pequeño no necesita parecer más grande. Necesita sentirse bien para quien lo habita."



viernes, 12 de junio de 2026

 

Las tendencias cambian. Los colores de moda van y vienen. Pero hay algo que nunca pasa de moda: los objetos que cuentan una historia.

Hace poco descubrí que los tradicionales platos decorativos que muchas veces vemos colgados en las paredes nacieron como una forma de exhibir tesoros familiares. Con el tiempo entendí que la idea sigue vigente, aunque hoy podemos aplicarla de muchas maneras.

Porque decorar no siempre significa comprar algo nuevo.

Muchas veces significa mirar con otros ojos aquello que ya forma parte de nuestra vida.

1. Crear una pared de recuerdos

Una de las formas más simples y bonitas es reunir objetos que representen momentos importantes.

Pueden ser:

-Platos heredados.
-Fotografías familiares.
-Postales de viajes.
-Mapas de ciudades que visitaste.
-Cuadros pequeños comprados en distintos lugares.

La clave está en agruparlos para que cuenten una historia en conjunto.

2. Armar una bitácora de viajes visual

En nuestra casa tenemos pequeños recuerdos de los lugares que visitamos.

No son objetos costosos.

Son piezas que nos recuerdan experiencias compartidas.

Una buena idea es dedicar una repisa o una biblioteca a esos recuerdos:

-Una piedra de una playa.
-Una artesanía local.
-Una fotografía impresa.
-Una taza especial.
-Un imán o souvenir.

Cada vez que los vemos, revivimos parte de ese viaje.

3. Dar protagonismo a las herencias familiares

Muchas veces guardamos objetos heredados porque nos da pena desprendernos de ellos, pero tampoco sabemos cómo incorporarlos.

Un plato antiguo, una máquina de coser, una lámpara o un juego de té pueden convertirse en protagonistas si les damos un lugar especial.

No hace falta llenar la casa de antigüedades.

A veces una sola pieza bien exhibida cuenta toda una historia.

4. Crear rincones con significado

No todos los espacios necesitan estar decorados como una revista.

Algunos rincones pueden estar pensados para emocionar.

Una foto familiar junto a un libro querido.

Una carta antigua enmarcada.

Un objeto que perteneció a un abuelo.

Son detalles que hacen que una casa se sienta vivida y auténtica.

5. Mezclar recuerdos con decoración actual

Uno de los errores más comunes es pensar que los objetos antiguos no combinan con los estilos modernos.

En realidad sucede lo contrario.

Un ambiente contemporáneo suele verse más interesante cuando incorpora piezas con historia.

Los recuerdos aportan personalidad, carácter y calidez.

La decoración más valiosa

Con los años aprendí que los hogares más lindos no son necesariamente los más perfectos.

Son aquellos que hablan de las personas que los habitan.

Las casas que guardan recuerdos, viajes, historias familiares y pequeños tesoros cotidianos tienen algo especial: reflejan una vida real.

Y quizás esa sea la decoración más valiosa de todas.


 

Lo que encontré en una hora de pilates

Si hace algunos años alguien me hubiera dicho que iba a esperar con entusiasmo los días de pilates, probablemente me habría reído.

Nunca fui una persona fanática de los gimnasios. Siempre admiré a quienes encontraban placer en entrenar, en levantar pesas o en correr kilómetros, pero a mí me costaba conectar con ese mundo. Lo intentaba, iba algunas veces y después terminaba abandonando.

Sin embargo, hace un tiempo apareció el pilates.

Y lo que encontré fue mucho más que una actividad física.

Dos veces por semana compartimos una hora un pequeño grupo de mujeres. Somos cuatro alumnas y nuestra profesora, Rocío, una joven que podría ser hija nuestra por la diferencia de edad, pero que tiene una capacidad enorme para hacernos sentir cómodas, acompañadas y bienvenidas.

Llegamos con nuestras historias, nuestras preocupaciones, nuestras obligaciones del día y, durante una hora, nos dedicamos simplemente a mover el cuerpo.

Charlamos.

Nos reímos.

Nos quejamos un poco cuando el ejercicio se pone difícil.

Y volvemos a reírnos.

Desde afuera, algunos movimientos parecen sencillos. Incluso elegantes. Hay ejercicios que nos hacen ver como si estuviéramos flotando suavemente. Pero quienes los hacemos sabemos la verdad: al día siguiente las piernas, los brazos y hasta músculos desconocidos se encargan de recordarnos el esfuerzo realizado.

Y, sin embargo, volvemos.

Porque el beneficio no está solamente en el cuerpo.

Está en la mente.

En esa sensación de bienestar que queda después.

En el placer de compartir un espacio agradable.

En el hecho de regalarnos una hora para nosotras mismas en medio de agendas llenas de responsabilidades.

Con los años aprendí que el bienestar no siempre llega a través de grandes cambios. Muchas veces aparece en pequeños rituales semanales, en actividades simples que nos ayudan a respirar un poco mejor y a sentirnos más conectadas con nosotras mismas.

Para mí, hoy, una de esas cosas es el pilates.

No porque busque tener el cuerpo perfecto.

No porque quiera cumplir una meta deportiva.

Simplemente porque me hace bien.

Y a esta altura de la vida, descubrir algo que nos hace bien ya es una razón suficiente para seguir haciéndolo.

martes, 9 de junio de 2026

 

Las cosas que tuve que cerrar para convertirme en quien soy hoy




Durante mucho tiempo pensé que cerrar algo era fracasar.

Cerrar una etapa, dejar un trabajo, abandonar un proyecto o cambiar de rumbo me generaba una sensación incómoda. Como si estuviera renunciando. Como si no hubiera sido capaz de sostener lo que alguna vez había elegido.

Con los años descubrí que no era así.

La vida no siempre avanza en línea recta. A veces crecemos, cambiamos, aprendemos cosas nuevas y, sin darnos cuenta, dejamos de encajar en lugares que antes nos representaban.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que gran parte de la mujer que soy hoy nació de puertas que tuve que cerrar.

Primero fue la enfermería.

Durante muchos años trabajé en emergencias. Era un trabajo intenso, exigente y profundamente humano. Aprendí a acompañar el dolor, a actuar bajo presión y a valorar la vida desde lugares que pocas personas conocen.

Pensé que sería mi camino para siempre.

Pero la llegada de mi hijo cambió muchas cosas.

Lautaro necesitaba una mamá presente. Yo también necesitaba tiempo para aprender, para entender, para acompañarlo en un recorrido que no siempre fue sencillo. Sin planearlo, fui dejando atrás aquella profesión que tanto me había dado.

Durante mucho tiempo sentí culpa por eso.

Hoy siento gratitud.

Porque aquella enfermera sigue viviendo dentro de mí. Solo encontró otras formas de cuidar.

También tuve que cerrar la idea de que la vida saldría exactamente como la había imaginado.

La maternidad me enseñó que existen caminos distintos. Que no todos los hijos recorren la misma ruta. Que muchas veces hay que soltar expectativas para abrazar la realidad tal como es.

Y en ese proceso aprendí más de amor, paciencia y fortaleza de lo que podría haber imaginado.

Hace poco también tuve que cerrar mi local.

Recuerdo perfectamente la ilusión con la que abrí las puertas de GRACE. Había sueños, proyectos, ganas de construir algo propio.

Durante un tiempo pensé que cerrar ese espacio físico significaba perder.

Sin embargo, cuando me animé a dar el paso, descubrí algo inesperado: lo que realmente había construido no eran cuatro paredes.

Era una comunidad.

Era una forma de mirar los hogares.

Era una manera de acompañar a otras personas a crear espacios más lindos, más cálidos y más habitables.

GRACE no terminó.

Simplemente cambió de forma.

Y quizás esa sea una de las lecciones más importantes que aprendí.

No todo lo que termina desaparece.

Hay cosas que evolucionan.

Hay sueños que se transforman.

Hay versiones nuestras que necesitan despedirse para que otras puedan nacer.

Hoy sigo estudiando.

Sigo emprendiendo.

Sigo escribiendo.

Sigo imaginando proyectos.

No porque tenga todo resuelto, sino porque entendí que reinventarse también forma parte de vivir.

Si algo me enseñaron estos años es que las puertas que se cierran no siempre son el final de una historia.

Muchas veces son el comienzo de la siguiente.

Y cuando miro hacia atrás, con todas mis dudas, errores y cambios de rumbo, puedo decir algo que antes no entendía:

No me convertí en quien soy a pesar de las cosas que tuve que cerrar.

Me convertí en quien soy gracias a ellas.

viernes, 5 de junio de 2026

Renovar la fachada de un consultorio médico no siempre requiere una obra grande. Muchas veces, una decisión cromática estratégica puede transformar por completo la percepción del espacio.

Este proyecto nació de una necesidad clara: actualizar un frente gris, envejecido y visualmente apagado, para que transmitiera profesionalismo, confianza y cuidado desde el primer vistazo.



Es la primera experiencia del paciente.
Por qué el color es clave en un consultorio médico
-calma
-limpieza
-estabilidad
-profesionalismo
La elección del verde ceniza

Ahora sólo falta arreglar la vereda...y lucirá más hermoso!


Porque la fachada no es solo estética.

El diseño exterior de un consultorio influye directamente en cómo se percibe el lugar. Los colores comunican sensaciones antes de que la persona cruce la puerta.

En espacios de salud, la paleta debe transmitir:

El frente original no acompañaba estas sensaciones. Era neutro, pero descuidado. La meta no era modernizar por moda, sino construir identidad visual.

El consultorio ya contaba con un cartel celeste, un color fuertemente asociado al ámbito médico. La intervención debía respetarlo y potenciarlo.

La solución fue incorporar un verde ceniza como base de la fachada.

Este tono funciona como contenedor visual: no compite con el celeste, lo enmarca. Genera contraste suficiente para destacarlo, pero mantiene una paleta sobria y profesional.

El verde, además, está vinculado psicológicamente a salud, equilibrio y tranquilidad. No fue una elección casual: fue una decisión de diseño pensada para reforzar la función del espacio.



Antes y después: cómo una fachada cambia la lectura del lugar

El cambio fue exclusivamente cromático. No hubo modificaciones estructurales.

Sin embargo, el impacto fue total:

-el frente se ve más cuidado
-el cartel ganó protagonismo
-la fachada transmite orden
-el espacio tiene identidad

Esto demuestra que renovar una fachada con pintura puede ser una de las intervenciones más efectivas y accesibles en diseño exterior.

Reflexión final

Este proyecto me recordó algo esencial del diseño: no siempre se trata de hacer más, sino de elegir mejor.

Una decisión consciente puede devolverle vida a un lugar cotidiano. Y ver cómo un espacio se transforma y genera orgullo en quienes lo usan todos los días… es una de esas satisfacciones silenciosas que explican por qué amo diseñar.



 


El hogar también atraviesa nuestras etapas

Durante años pensé que me gustaba decorar porque disfrutaba de las cosas lindas.

Hoy creo que la razón era mucho más profunda.

Me gusta observar cómo los espacios cuentan historias.

Las casas hablan.

Hablan de quienes fuimos, de quienes somos y, muchas veces, de quienes estamos intentando convertirnos.

Sin embargo, cuando buscamos información sobre decoración solemos encontrar consejos sobre tendencias, colores o estilos. Todo eso puede ser útil, pero pocas veces se habla de algo que para mí es fundamental: el hogar también es un proceso emocional.

Las mujeres lo sabemos aunque no siempre lo pongamos en palabras.

Cuando nos convertimos en madres, la casa cambia.

Cuando los hijos crecen, la casa vuelve a cambiar.

Cuando iniciamos un proyecto, atravesamos una crisis o simplemente sentimos que estamos entrando en una nueva etapa, muchas veces aparece una necesidad difícil de explicar: mover muebles, ordenar, pintar una pared, vaciar un placard o redecorar un rincón.

No estamos buscando una casa nueva.

Estamos buscando reconocernos nuevamente en ella.

Porque el hogar es mucho más que un conjunto de objetos.

Es el escenario donde transcurre nuestra vida.

Y cuando nuestra vida cambia, ese escenario necesita acompañarnos.

Pienso en mi propia historia.

Hubo una época en la que soñaba con tener un local de decoración.

Después vino el tiempo de estudiar Diseño de Interiores.

Más tarde llegó el cierre del local, la transformación del showroom y el nacimiento de una nueva forma de trabajar.

Cada una de esas etapas tuvo una expresión física dentro de mis espacios.

Nada fue casual.

El hogar reflejaba lo que estaba ocurriendo dentro de mí.

Por eso hoy me interesa mucho más hablar de hogares reales que de casas perfectas.

Me interesan los espacios que acompañan procesos.

Las mesas donde se estudia hasta tarde.

Los sillones donde lloramos alguna vez.

Los rincones que nos ayudan a empezar de nuevo.

Las casas que se adaptan a nuestras transformaciones sin exigirnos perfección.

Quizás decorar no sea solamente elegir objetos.

Quizás decorar sea una forma de cuidarnos.

Una manera silenciosa de decirnos:

"Aquí estás segura."

"Aquí podés descansar."

"Aquí podés volver a empezar."

Porque al final, un hogar hermoso no es el que sigue todas las tendencias.

Es el que acompaña con amor la vida de quienes lo habitan.

jueves, 4 de junio de 2026

 

Cuando un sueño cambia de forma

Wuauu...

Estoy sentada escribiendo este artículo y ni yo misma puedo creer que todo se esté dando con tanta naturalidad.




Durante mucho tiempo pensé que algunas decisiones habían sido retrocesos. Que ciertos pasos habían sido fracasos. Sin embargo, hoy puedo ver algo que antes no veía.

Cada paso que di en estos últimos años fue en la misma dirección.

La aparición de Estudio Grace fue casi como un embarazo.

Una mujer queda embarazada y durante nueve meses no ve al bebé. Pero mientras tanto, algo está creciendo, formándose y preparándose para nacer.

Creo que con Estudio Grace pasó exactamente eso.

Desde que tengo uso de razón me encantó ambientar espacios. Siempre disfruté transformar una casa en un hogar cómodo, vivible y hermoso para habitar.

Por eso deseaba tanto estudiar Diseño de Interiores.

Y por eso también soñaba con tener un local de decoración.

Las dos cosas llegaron en el momento adecuado. Ni antes ni después. Casi en simultáneo.

Sin embargo, después de dos años de trabajo tuve que cerrar el local físico y trasladarlo a casa, transformándolo en un showroom.

Al principio lo viví como una pérdida.

Como un fracaso.

También tuve que postergar mis estudios durante un tiempo. Seguía trabajando en el consultorio, Virgy terminaba el secundario y había que acompañarla en una de las decisiones más importantes de su vida: elegir una carrera, buscar departamento, ayudarla a amueblarlo y aprender a verla crecer.

Fueron años de muchos cambios.

Pero también fueron años hermosos.

Porque no hay nada más lindo que ver a los hijos encontrar su camino.

Hoy en casa quedamos tres: mi esposo, mi hijo adolescente de 16 años y yo.

Y también quedaron muchas ideas.

Siempre estuvo presente mi amor por el diseño y mis ganas de retomar la carrera.

Ese sueño parecía demorarse, pero nunca desapareció.

Porque algunas cosas tardan.

Pero llegan.

Hoy estoy escribiendo este artículo desde la computadora de Estudio Grace.

Una habitación de mi casa que se convirtió en mi estudio, mi showroom y, sin dudas, uno de mis lugares favoritos.

Aquí recibo clientes con cita previa.

Charlamos.

Compartimos ideas.

Pensamos juntos cómo mejorar un espacio.

Asesoro a mujeres que me muestran fotos de sus hogares y buscan ayuda para encontrar colores, textiles, iluminación o pequeños cambios que hagan que su casa se sienta más cálida y armoniosa.

Aquí también subo productos a Mercado Libre y a mi tienda online.

Aquí escribo en este blog.

Y aquí mismo volví a abrir mis apuntes de Diseño de Interiores para preparar los finales de primer año y poder comenzar segundo año sin materias pendientes.

Algunos fines de semana viajamos a Corrientes para visitar a nuestra hija.

Disfrutamos esos encuentros profundamente y volvemos a casa llenos de energía para seguir transitando esta etapa tan especial.

Y entonces entendí algo.

Estudio Grace no nació cuando cerré el local.

Estudio Grace nació mucho antes.

Nació cada vez que ayudé a alguien a imaginar un hogar más cálido.

Nació cada vez que una clienta me mostró una foto de su casa buscando una opinión.

Nació cada vez que confirmé que lo que más me gusta no es vender objetos, sino ayudar a las personas a crear espacios donde sentirse bien.

Porque si algo aprendí en este camino es que el hogar no es solo un lugar.

Para mí, el hogar es un refugio donde disfrutar y descansar.

Y tal vez Grace siempre quiso ser justamente eso.

Hoy me siento profundamente agradecida.

Por los cambios.

Por los aprendizajes.

Por los caminos que no entendí en su momento.

Y por descubrir que algunos sueños no desaparecen.

Simplemente cambian de forma.

 

La luz que también decora

Hay elementos en el diseño de interiores que cumplen una función. Y hay otros que, además de cumplirla, transforman.

La iluminación pertenece a ambos mundos.

Cuando está bien pensada, deja de ser solo una necesidad para convertirse en una presencia. En una pieza que aporta carácter, equilibrio y belleza al ambiente.

En una escultura.


miércoles, 3 de junio de 2026

"Aprendiendo a transformar ideas en espacios. El diseño de interiores comienza mucho antes de elegir colores o muebles."


Cuando le cuento a alguien que estudio Diseño de Interiores, muchas veces recibo la misma respuesta:

"¡Qué lindo! Debe ser divertido elegir cortinas y decorar casas."

Y aunque la decoración forma parte de nuestro trabajo, la realidad es que una interiorista hace mucho más que eso.

El diseño de interiores consiste en pensar y proyectar los espacios para que sean funcionales, cómodos, seguros y visualmente agradables. Nuestro objetivo es mejorar la forma en que las personas viven, trabajan y disfrutan de cada ambiente.

Una interiorista analiza cómo se utiliza un espacio, quiénes lo habitan y cuáles son sus necesidades. A partir de allí, propone soluciones que integran distribución, iluminación, materiales, mobiliario, colores y elementos decorativos.

Mucho más que decorar

Una de las cosas que más me sorprendió cuando comencé a estudiar fue descubrir que la carrera tiene una fuerte base técnica.

Aprendemos sobre:

  • Dibujo técnico y elaboración de planos.
  • Historia de la arquitectura y del diseño.
  • Materiales y sistemas constructivos.
  • Ergonomía y circulación.
  • Iluminación.
  • Tecnología aplicada al diseño.
  • Representación digital y programas de diseño.

Por eso, una interiorista no solo busca que un ambiente se vea bonito. También se ocupa de que funcione correctamente y responda a las necesidades reales de quienes lo usan.

El hogar como reflejo de quienes somos

Cada espacio cuenta una historia.

Nuestro hogar habla de nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestros gustos e incluso de la etapa de la vida que estamos atravesando.

Por eso no existen soluciones universales. Lo que funciona para una familia con niños pequeños probablemente no funcione para una pareja que vive sola, o para una persona que trabaja desde su casa.

El trabajo de una interiorista consiste justamente en interpretar esas necesidades y transformarlas en espacios que acompañen la vida cotidiana.

Mi mirada personal



A medida que avanzo en mis estudios, descubro que el diseño de interiores tiene mucho que ver con escuchar, observar y comprender a las personas.

No se trata solamente de elegir objetos lindos o seguir tendencias.

Se trata de crear espacios que hagan sentir bien a quienes los habitan.

Y quizás esa sea la parte que más me gusta de esta profesión: la posibilidad de mejorar la vida cotidiana a través del diseño.


¿Vos también pensabas que una interiorista solo se ocupaba de decorar? Te leo en los comentarios.



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