El arte de dejar de procrastinar (y de soltar lo que duele)

Hace unos días volví a leer una entrada que había escrito hace un par de años en el blog. Se llamaba “El arte de la procrastinación”, y me hizo sonreír apenas vi el título, porque era exactamente lo que había estado haciendo durante mucho tiempo: postergar.




En aquel texto contaba cómo mi vida se había ido llenando de responsabilidades, decisiones difíciles y dolores que me costaba procesar. Hablaba de los días en que el tiempo parecía no alcanzar, de la fibromialgia que se hacía sentir con fuerza, de los hijos, del trabajo, del local que no terminaba de despegar, y de cómo, en medio de todo eso, mi blog quedaba siempre al final de la lista.

Hoy, al leerme, me veo llevando todo sola. Como siempre.

Releer me movió muchas emociones. Me di cuenta de cuánta carga asumí sin darme cuenta, de cuántas veces elegí sostener lo insostenible, creyendo que era fortaleza cuando en realidad era agotamiento.
Y también comprendí que quizás no era solo “buena”... tal vez era un poco ingenua, o simplemente una mujer que quería que las cosas funcionaran, aunque tuviera que romperse en el intento.

Hoy, con otra mirada, elijo escribir desde otro lugar.
Ya no desde la culpa por procrastinar, sino desde la gratitud por haberme permitido pausar. A veces detenerse no es rendirse, es darse tiempo para entender lo vivido.

Este blog sigue siendo mi cable a tierra.
Y escribir —aunque sea unas líneas— me recuerda que sigo viva, que sigo creciendo, y que todavía tengo mucho por contar.

Publicar un comentario

Instagram

Gras Aguirre . Designed by Oddthemes