Hoy logré hacer mi tercer envío.
Y estoy feliz.
Puede parecer una tontería para alguien que vende online hace años.
Pero para mí no lo fue.
Tuve que aprender sola a entrar a la página del correo, iniciar sesión con mi mail, descargar la etiqueta, imprimir el ticket, pegarlo correctamente en la caja y llevar el paquete hasta el correo para despacharlo.
Y lo hice todo sola.
Cuando la persona del correo tomó la caja y vio que estaba todo bien hecho, sentí algo difícil de explicar.
No era solamente alivio.
Era orgullo.
Porque detrás de ese paquete había mucho más que un producto.
Había miedo.
Dudas.
Inseguridad.
La sensación de estar empezando de nuevo a una edad en la que pareciera que una ya debería tener todo resuelto.
Durante mucho tiempo miré el mundo online desde lejos.
Como si perteneciera a otra generación.
A personas más rápidas, más modernas, más acostumbradas a la tecnología.
Pero acá estoy.
Aprendiendo.
Equivocándome.
Volviendo a intentar.
Descubriendo que todavía puedo incorporar cosas nuevas.
Y creo que eso es lo verdaderamente importante de esta etapa.
Porque el envío no fue solamente un envío.
Fue una pequeña prueba de independencia.
Una confirmación silenciosa de que GRACE puede seguir creciendo de otra manera.
Desde mi casa.
Desde el showroom.
Desde una computadora.
Desde las ganas de no quedarme quieta.
Hay algo profundamente emocionante en ver salir una caja con algo que una eligió, preparó y despachó con sus propias manos.
Pensar que eso va viajando hacia otra casa, hacia otra persona, hacia otra historia.
Y mientras volvía caminando del correo pensé algo muy simple:
Quizá nunca se trató solamente de vender decoración.
Quizá también se trata de demostrarme a mí misma que todavía soy capaz de reinventarme.
Que todavía puedo aprender.
Que todavía puedo construir algo propio.
Y que nunca es tarde para empezar a sentirse orgullosa de una misma por cosas que antes parecían imposibles.
Porque a veces el crecimiento no llega en forma de grandes logros.
A veces llega así:
En una caja cerrada con cinta.
En una etiqueta bien pegada.
En un paquete despachado correctamente.
Y en una mujer volviendo a su casa sintiéndose un poquito más segura de sí misma.

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