Volver a estudiar después de los 40: trabajo, familia y nuevos sueños




 

Estudiar, trabajar y volver a creer en una misma

Se está terminando el año y, como familia, atravesamos muchísimas cosas.

Entre el trabajo, los cambios, los desafíos y la rutina diaria, también hubo espacio para algo muy importante: animarme a comenzar una carrera que venía postergando hacía años.

Primero no podía porque era presencial. Después apareció la posibilidad de cursarla de manera virtual, pero económicamente tampoco llegaba. Y así, entre una cosa y otra, fui dejando pasar el tiempo.

Hasta que este año, de alguna manera, todo se acomodó.

Los chicos ya están más grandes, tengo más tiempo disponible y pude volver a regalarme algo que había dejado guardado durante mucho tiempo: estudiar algo que realmente me apasiona.

Y sinceramente fue una de las mejores decisiones que tomé.

La carrera me sorprendió muchísimo. Antes de empezar, creía que diseño de interiores era solamente decorar espacios lindos, pero descubrí que es muchísimo más que eso.

Estudiamos historia del arte y de los distintos estilos que fueron apareciendo a medida que avanzaba la humanidad. También vemos arquitectura, realizamos planos, aprendemos sobre materiales de construcción y utilizamos programas digitales para diseñar espacios de manera técnica y profesional.





Es una carrera hermosa, completa y profundamente creativa.

Algo que hizo una gran diferencia en este proceso fue encontrar compañeros virtuales. Maru vive en Rosario y Tomás en Buenos Aires, pero gracias a la tecnología terminamos compartiendo el día a día como si estuviéramos cursando juntos de manera presencial.

Los mensajes, las videollamadas, las dudas y los trabajos prácticos hacen que todo sea mucho más llevadero.

Ahora se viene la época de finales, así que probablemente vuelva a desaparecer un poco para encerrarme a estudiar. Y aunque a veces cuesta muchísimo sostener el cansancio, también entiendo que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Porque estudiar transforma.





Por otro lado, seguimos trabajando en el consultorio, que este mes cumplió siete años.

Y si miro hacia atrás, siento muchísimo orgullo.

Siempre soñé con trabajar junto a mi marido y tener nuestro propio espacio. Pero al principio parecía imposible. Vivimos en un pueblo donde hay muchísimos médicos conocidos y lograr insertarse parecía una verdadera utopía.

Sin embargo, acá estamos.

Trabajando día a día, creciendo de a poco y comprobando que cuando uno sostiene un proyecto con esfuerzo, constancia y compromiso, las cosas finalmente empiezan a dar resultado.

Quizás trabajar en salud nunca te vuelva millonario. Pero hay algo profundamente valioso en ayudar a los demás.

La satisfacción que produce acompañar personas, escuchar, contener y saber que tu trabajo puede mejorarle un poco la vida a alguien, no tiene precio.

Claro que sería hermoso contar con mejores sueldos y mayor reconocimiento, pero ese ya es otro tema.

Lo cierto es que trabajar de manera independiente también te da libertad, aprendizaje y la posibilidad de construir tu propio camino.

A continuación les dejo algunas fotos de todo lo que estuve haciendo este tiempo.

Y si algo aprendí este año, es que no importa demasiado dónde naciste ni cuántas veces tengas que empezar de nuevo.

Cuando una persona estudia, se esfuerza y sostiene sus sueños con perseverancia, tarde o temprano los resultados llegan.






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