El hogar también atraviesa nuestras etapas
Durante años pensé que me gustaba decorar porque disfrutaba de las cosas lindas.
Hoy creo que la razón era mucho más profunda.
Me gusta observar cómo los espacios cuentan historias.
Las casas hablan.
Hablan de quienes fuimos, de quienes somos y, muchas veces, de quienes estamos intentando convertirnos.
Sin embargo, cuando buscamos información sobre decoración solemos encontrar consejos sobre tendencias, colores o estilos. Todo eso puede ser útil, pero pocas veces se habla de algo que para mí es fundamental: el hogar también es un proceso emocional.
Las mujeres lo sabemos aunque no siempre lo pongamos en palabras.
Cuando nos convertimos en madres, la casa cambia.
Cuando los hijos crecen, la casa vuelve a cambiar.
Cuando iniciamos un proyecto, atravesamos una crisis o simplemente sentimos que estamos entrando en una nueva etapa, muchas veces aparece una necesidad difícil de explicar: mover muebles, ordenar, pintar una pared, vaciar un placard o redecorar un rincón.
No estamos buscando una casa nueva.
Estamos buscando reconocernos nuevamente en ella.
Porque el hogar es mucho más que un conjunto de objetos.
Es el escenario donde transcurre nuestra vida.
Y cuando nuestra vida cambia, ese escenario necesita acompañarnos.
Pienso en mi propia historia.
Hubo una época en la que soñaba con tener un local de decoración.
Después vino el tiempo de estudiar Diseño de Interiores.
Más tarde llegó el cierre del local, la transformación del showroom y el nacimiento de una nueva forma de trabajar.
Cada una de esas etapas tuvo una expresión física dentro de mis espacios.
Nada fue casual.
El hogar reflejaba lo que estaba ocurriendo dentro de mí.
Por eso hoy me interesa mucho más hablar de hogares reales que de casas perfectas.
Me interesan los espacios que acompañan procesos.
Las mesas donde se estudia hasta tarde.
Los sillones donde lloramos alguna vez.
Los rincones que nos ayudan a empezar de nuevo.
Las casas que se adaptan a nuestras transformaciones sin exigirnos perfección.
Quizás decorar no sea solamente elegir objetos.
Quizás decorar sea una forma de cuidarnos.
Una manera silenciosa de decirnos:
"Aquí estás segura."
"Aquí podés descansar."
"Aquí podés volver a empezar."
Porque al final, un hogar hermoso no es el que sigue todas las tendencias.
Es el que acompaña con amor la vida de quienes lo habitan.

Publicar un comentario