Necesitaba decirlo y lo dije



A veces la vida nos pone frente a decisiones que nos sacuden. Esta es una reflexión sobre política, decepciones y la necesidad de desconectarse para volver a lo esencial: la familia, los afectos y los verdaderos valores.


Este año me propuse muchos planes. Algunos los logré, otros quedaron pendientes… y otros cambiaron de rumbo porque decidí involucrarme en algo que nunca imaginé: la política. No como candidata, sino como ciudadana que desea un país más justo y con futuro para sus hijos. Lo que viví, lo que aprendí y lo que decidí después, necesitaba compartirlo.


Vivo en Argentina, un país maravilloso pero golpeado una y otra vez por crisis económicas. Muchas de ellas nacen de la mala administración, de una distribución irracional de los recursos, de un socialismo cínico que empobrece cada día a más familias.

Durante los últimos cuatro años, tuvimos un presidente que intentó mejorar las cosas. Pero cuatro años no alcanzan para levantar una casa desde los cimientos. Si en un hogar de cuatro personas cuesta tanto ponerse de acuerdo, imaginen en un país de cuarenta millones, todos con pensamientos tan diversos.

En abril de 2019 comenzamos una campaña con un grupo de mujeres de todas las edades. Nos movíamos de un lugar a otro, capacitándonos, motivándonos y buscando formas de ayudar desde nuestro lugar.

En ese trayecto conocí mujeres excepcionales: emprendedoras, comprometidas con su comunidad, llenas de energía para cambiar realidades. Entre ellas, Marilú.
Una verdadera guerrera. Luchó para que otras mujeres pudieran capacitarse, creó un comedor para que los niños de su ciudad tuvieran un desayuno o una merienda, y empoderó a las jóvenes para que entendieran que con trabajo y estudio se puede salir adelante.
Sin embargo, llegado el momento, esa misma comunidad a la que tanto ayudó votó por otro candidato.

Ahí fue cuando me invadió una mezcla de tristeza y rebeldía.
Porque pareciera que como sociedad nos hemos acostumbrado al facilismo, a esperar soluciones mágicas, sin comprender que construir algo duradero lleva tiempo, esfuerzo y dedicación.

Durante la campaña intenté mostrar los avances, contagiar esperanza, invitar a creer que sí se puede cambiar. Pero no todos entendieron el mensaje. Lo económico pesó más, y los mismos de siempre volvieron a ganar con sus viejas promesas vacías.

Sentí una desilusión profunda. No logro entender cómo tantos conciudadanos pueden elegir repetir la historia que tanto daño nos hizo.

Entonces decidí alejarme un tiempo de las redes sociales.
Twitter se volvió una trinchera, Facebook un campo de agresiones, y WhatsApp un espacio saturado de discusiones políticas.

Por mi salud mental y emocional, elegí desconectarme y enfocarme en lo importante: mi familia, mis amigos y mi trabajo. Volver a disfrutar de lo que me da paz. Me va a venir bien no escuchar más el pitido constante del celular.

Sigo creyendo que la política es buena, siempre que se use para ayudar y no para sacar ventaja.


Hoy me siento cansada, pero tranquila.
De ahora en más quiero compartir en qué invierto mi tiempo, mis momentos felices, esas pequeñas cosas que me devuelven energía y esperanza.

Gracias por acompañarme.
Necesitaba decirlo… y lo dije.

🌸 

A veces no se trata de dejar de creer, sino de aprender a poner el foco en donde realmente vale la pena.
Desconectarse no siempre es rendirse; a veces es la única forma de volver a escucharse.

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